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Trump Biden, una elección con consecuencias planetarias

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Por Daniel Roncoroni. Ilustración de Rodolfo Parisi.

Si el voto a Trump en 2016 se justificaba, incluso desde la izquierda rupturista, no como esperanza sino como derrota, y en respuesta a un partido Demócrata en su larga fase menemista, pero entendiendo el porqué de esa decisión que tomó la clase obrera blanca (la nota de Nancy Fraser es elocuente https://rebelion.org/trump-o-el-fin-del-neoliberalismo-progresista/), en esta elección se revelará si aquello que fue cachetazo se transforma en lisa y llanamente en una paliza de consecuencias imprevisibles.

Los cuatro años del gobierno de Trump expresan como nadie el saqueo que los ricos perpetran a los ciudadanos y a la naturaleza. Valga un caso: la mitad de los trabajadores yanquis trabajan en negro y mayoritariamente en servicios como la salud, el cuidado personal, la logística y el transporte. Y en espejo, la tecnológica Amazon, que fue presionada por sus trabajadores para al menos pagar el salario mínimo, aumentó durante la pandemia su patrimonio un 40% respecto a 2019.

El resultado electoral también tendrá un enorme peso en nuestra región, justo cuando se observan los brotes verdes nacidos del fracaso neoliberal: el aplastante triunfo del MAS en Bolivia y el no menos imponente “Apruebo” en el plebiscisto chileno. Si gana Trump gana Bolsonaro, llamado a exportar su modelo religioso fascista al resto de América Latina, que incluye la destrucción de los sindicatos, la oclusión de los derechos femeninos y la carrera armamentista no sólo para sus FF.AA. sino también para la sociedad civil brasileña; el fin de la paz, incentivando la presión sobre Venezuela, y el fortalecimiento, vía fundaciones y grupos de presión, de las derechas variopintas. Así como en los EE.UU florecieron las orgas nazis paraestatales y las policías criminales, aquí el paradigma son las fundaciones liberales que sirven de refugio a fugadores seriales de divisas, y la ex-empresa Cambridge Analitycs, acusada de comprar 50.000.000 de datos personales a Facebook para manipular a los votantes en todo el continente. En Argentina fue contratada por el macrismo para hacer campañas sucias y manipular las audiencias a puras fake news.

¿Y Biden? Con menos carisma que un erizo, es el último candidato de una coalición imposible, que incluye a Larry Flinch (del fondo buitre Black Rock) y a Bernie Sanders. Es el contradictor perfecto de Trump para las buenas conciencias que adoptan un pibe de Africa pero negrean a los laburantes. ¿Alcanzará el temor al monstruo que impone el miedo social como programa? Si fuera por el bueno de Joe, no. Además, el voto opositor es un voto antitrump; de ahí su límite. Para no explotar en pedazos, los demócratas deberán gestionar el reemplazo del comando liberal que ya no expresan a sus bases más dinámicas: mujeres, negros y latinos.

El aserto del filósofo Toni Negri, que define al nuevo sujeto revolucionario como multitud, esto es, la alianza de la clase trabajadora tecnológica, los inmigrantes y los luchadores por los derechos universales, ve algo de luz. Como nunca antes, los deportistas de élite comandan la revuelta contra Trump.https://www.youtube.com/embed/84ziCuWp21M?feature=oembed

Pongamos el foco en el magistral Lebron James, cuatro veces campeón en la NBA y tres veces ganador del oro olímpico. Un pibe afroamericano que nació en Akron, Ohio y que fue pobre e hijo de una mamá soltera, dos condiciones que normalmente en la vida apenas alcanzan para reponer productos en Wallmart o trajinar en bici para Uber Eats, en geografías que carecen de peronismo. El caso es que Lebron es la cabeza del movimiento Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) en el basquetbol, y para incentivar la participación de la comunidad negra, creó la plataforma morethanvote.org, donde explica: “Queremos que vayas a votar, pero también te daremos un tutorial. Vamos a darte el contexto sobre cómo votar y que están haciendo ellos, desde el otro lado, para intentar que no votes”.

Necesitan instrucciones para aprender a votar, votan un martes en horario laboral y si vas a votar te descuentan el día, pero se autoperciben como los campeones de la democracia y nos quieren exportar su modelo. No hay remate.

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