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Viven en un hogar para adultos mayores y estrenaron su canal propio: “¿Cómo íbamos a imaginar que nos íbamos a ver en YouTube?”

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La más joven tiene 79 años. Todo empezó en un taller de radio y fueron por más. Sus nietos festejan los contenidos que producen.

El estudio fue una donación

Mirta, Moshé, Lidia, Héctor o Roberto se acercan al micrófono y hacen lo suyo. Comentan las noticias del día, cuentan las anécdotas de algún viaje que los llevó a alguna tierra lejana y hasta exótica, aconsejan a los que se comunican con el “Consultorio de Expertos” del que participan.

Hablan de música y los músicos que admiran, de los tiempos que pasaron, de los temas actuales que eligen estudiar para mantenerse al día. Cuentan chistes que rematan la emisión del día, contraponen sus miradas, se ponen de acuerdo, disienten, se escuchan y se hacen escuchar. 

“¿Cómo nos íbamos a imaginar que de un taller de radio de repente se iba a armar esto? De repente hay que armar una columna, nos escuchan, nos hacen notas. ¿Cómo nos íbamos a imaginar estar en YouTube o en Instagram? Era imposible, y acá estamos, miranos”, dice Mirta Rosemberg, una de las participantes del taller de radio que empezó hace unos cuatro meses en el hogar para adultos mayores de la Fundación Ledor Vador, y que lanzó su canal de streaming hace apenas algunas semanas.

Roberto, Moshé, Héctor, Lidia y

Entre veinte y cuarenta y cinco personas forman parte de ese taller en la residencia en la que viven, con mayor o menor grado de autonomía, unas trescientas personas.

“Para mí esto de hacer radio es una sorpresa enorme. Yo estoy en el hogar hace dos años y me engancho en todas las actividades. A esta vengo con mucho entusiasmo, con muchas ganas. La radio está en mi vida desde que tengo uso de razón: era el sonido de mi infancia y me acompaña hasta hoy. La prendo y escucho cada mañana. Y ahora resulta que me ponen un micrófono delante y, por un rato, me creo un cronista. Un hombre de radio. A mis hijos les pregunto si se van a bancar tener un viejo famoso y nos reímos”, cuenta Roberto Pinkus, que se dedicó toda su vida al diseño textil, el oficio que heredó de su padre.

Elías “Moshé” Eisenclach tiene 88 años como Roberto. Vivió en un kibutz, fue tornero y trabajó como viajante de juguetería durante casi cuatro décadas. Desde Neuquén hasta La Quiaca, en auto, siempre con la misma compañera: la radio. “La primera vez que vine al taller no me gustó, pero volví. Y me enganché, me empecé a sentir cómodo. Ahora la radio se ve, pasó por muchos cambios tecnológicos pero sigue ahí, haciendo compañía”.

Moshé es el especialista en llevar humor a la mesa del streaming. Puede ser la historia de un hombre que decidió casarse con sí mismo o el crecimiento constante del consumo de huevos entre los argentinos: Moshé, Lidia, Mirta, Horacio o Roberto siempre tienen algo para aportar delante del micrófono y la cámara.

“El taller de radio surgió sobre todo para trabajar la autoestima y el empoderamiento de quienes quieran participar. Es cierto que les damos herramientas del lenguaje radial, pero sobre todo trabajamos en que se animen a decir, a combatir lo que a veces es incluso el autoprejuicio de ‘¿qué va a tener para decir este viejo?’, que está basado en una mirada que efectivamente existe hacia la vejez”, describe Gabriel Katz, especialista en gerontología y responsable del proyecto Estudio Ledor.

“La representación de los viejos en la sociedad y en los medios de comunicación es que son los jubilados o las víctimas de una entradera en una casa. Todo eso existe, pero también hay otra versión de las personas mayores: los que tienen historias para contar, deseos de aprender y de compartir lo que ya saben, inquietudes e intereses que no sabían que tenían”, suma Katz, y agrega: “Venimos del paradigma de asilos, un lugar que funcionaba como antesala de la muerte, como un ‘depósito de viejos’. Eso va cambiando y aparece la idea de ‘entró en la residencia y se fue para arriba’ en vez del ‘se fue para abajo’ de antes”.

“Todo lo que sea un proyecto nuevo a esta altura de la vida es estimulante y genera entusiasmo. Todos nosotros estuvimos ocupados toda la vida y ahora el tiempo sobra, uno a veces no sabe qué hacer con el tiempo. Entonces tener una actividad, y que encima otros la valoren, se siente muy bien”, reflexiona Héctor.

Por ahora, el canal de Estudio Ledor no transmite en vivo. “Los contenidos llegan a YouTube y a Instagram después de un proceso de curaduría y edición de nuestro equipo de Comunicación”, describe Jéssica Presman, coordinadora de Programas de la Fundación Ledor Vador. Allí pueden verse algunas emisiones de “Consultorio de Expertos”, “A diario”, “Mirta hoy”, “La escena” y “Los viajes de Lidia”.

“En muchos casos, los años de la vejez son años de soledad no deseada”, coinciden Presman y Katz. Compartir el espacio físico y algunas actividades cotidianas es una vía para que ese escenario solitario no sea el único posible para una población que, en medio de un envejecimiento demográfico casi global, se ensancha.

“La población de todo el mundo está envejeciendo. ¿Cómo puede ser entonces que los viejos no sean parte de la conversación?”, subraya Katz. Roberto, Mirta, Moshé, Lidia y Héctor -“los Cinco Fantásticos”, como los llaman algunos en los alrededores del Estudio Ledor-, son algunos de los que se animaron a sumarse a la conversación. Así que están atentos a las señas del operador, a los pies que les dan sus compañeros para que empiecen a hablar y a las preguntas que mandan los que los escuchan y los ven. Esos a los que Mirta ya llama, con cariño y seguridad, “la oyentada”.

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