Una jueza de Corrientes citó al padre de la joven la próxima semana para que explique en el juzgado qué enseñanzas le dejó la novela filosófica de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.
El fallo obliga al progenitor a subir del 35 al 40 por ciento de su salario en concepto de cuota alimentaria para sus dos hijos: una joven de 22 años con autismo y retraso madurativo, y un niño de 8 con celiaquía.
El progenitor había solicitado a la Justicia el cese de la obligación alimentaria hacia su hija mayor argumentando que se había vencido el Certificado Único de Discapacidad y que era responsabilidad exclusiva de la madre renovarlo.
“No le voy a pagar porque el certificado de discapacidad está vencido. Que se encargue la madre de actualizarlo, y ahí que me reclame, y vemos», habría esbozado el hombre. La jueza Macarrein, consideró que las expresiones del progenitor revelaban una “falta de empatía y de corazón” hacia sus hijos, cuyas condiciones son irreversibles.
El fallo determinó que el hombre (quien hasta la fecha no adeudaba ninguna cuota, solamente exigía dejar de pagarlas) tiene que pagar su parte, equivalente al 40 por ciento de sus haberes netos, más salario familiar, escolaridad, obra social y proporcional del aguinaldo.
En los fundamentos, la jueza subrayó que el derecho alimentario no es solo una transferencia económica, sino una responsabilidad parental que debe atender las necesidades materiales, emocionales y de salud de los hijos. Además destacó el valor económico del cuidado cotidiano que brinda la madre en soledad, lo que limita su inserción laboral y constituye una forma de desigualdad estructural y violencia económica.
La jueza, en un gesto inusual, impuso una medida simbólica: ordenó que el hombre leyera el clásico de Antoine de Saint-Exupéry y regresara al juzgado el 26 de agosto para exponer las enseñanzas que obtuvo de la lectura.
La magistrada aclaró que este tipo de medidas busca fomentar la reflexión en los padres que intentan eludir sus responsabilidades, recordando que la paternidad no se reduce a un deber económico, sino que conlleva un compromiso afectivo y una presencia activa en la vida de los hijos.

































