El día de hoy se cumplieron 49 años de los secuestros de los estudiantes secundarios de La Plata, hubo una conmemoración en el último lugar en el que fueron vistos con vida.

“En este centro maldito desaparecieron compañeros, pero en este bendito centro los traemos con vida”, asegura Pablo Díaz.
Las calles aledañas al que fue el Pozo de Banfield están cerradas. Los estudiantes secundarios se acomodan por las cuadras que dan hacia Larroque, que lleva hasta el Camino Negro. Muchos de ellos y ellas estuvieron estudiando qué había pasado en esa brigada de la policía bonaerense, la cual funcionó como centro clandestino de detención desde tiempo antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. El Pozo de Banfield tuvo la peculiaridad de ser campo de concentración, base del Plan Cóndor y maternidad clandestina del llamado circuito (Ramón) Camps.
Hay carteles con los rostros de María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Daniel Racero, Horacio Ungaro y Francisco López Muntaner. Pablo Díaz es el único de los estudiantes que sobrevivió.
En el escenario, se ríe con nervios y llora cuando los recuerda. Y les habla: “Sepan que los extraño, que en cada charla que doy los reivindico”.
La conmemoración sirve para que el lugar funcione como un sitio de memoria en tiempos especialmente difíciles. “Acá siempre trabajamos por la Memoria, la Verdad y la Justicia”, subraya Eva Campero, referente del espacio.
Semanas atrás, el presidente Javier Milei bajó a la provincia de Buenos Aires –más precisamente al partido de La Matanza– para impulsar la campaña electoral. Decidió hacerlo con una provocación: un cartel que decía “Kirchnerismo Nunca Más”.
La resignificación de una frase de la democracia argentina, utilizada esta vez para promover la exclusión del otro, estuvo presente en el acto. “Quisieron usar el Nunca Más en una contradicción democrática”, denunció el ministro de Justicia bonaerense Juan Martín Mena.
Mena contó que había visto un video de Pablo Díaz que contaba que María Claudia Falcone estaba fichada por su pensamiento crítico y su capacidad organizativa. “Ese fue el objetivo del genocidio: romper el pensamiento crítico y esa capacidad organizativa. Pero veo un mar de peligros”, dijo mirando hacia donde se acomodaban los estudiantes con sus carteles y pancartas. “Parafraseando a Eduardo Galeano, veo un mar de fueguitos”.
Desde abajo, Daniel Santucho Navajas contemplaba la escena. Él hace poco más de dos años restituyó su identidad y pudo reencontrarse con su papá y sus hermanos. Así pudo saber que había nacido en ese Pozo de Banfield y que su mamá fue una de las embarazadas mencionadas por Pablo Díaz en su testimonio.
Todavía restaba la recorrida por el excentro clandestino. Y, para muchos, encarar el camino hacia La Plata. En la marcha se encontrarían con Emilce Moler, otra de las sobrevivientes, y con la militancia que sabe que el 16 de septiembre no es un día más.
Comente con Facebook

































