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Caso Neuss: Silvia Saravia planeaba irse de su casa e intentó armar la valija

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El sábado 10 de octubre, Jorge Neuss le disparó a su esposa, Silvia Saravia, con un revólver para matar osos y luego se pegó un tiro en la sien. Conforme pasan los días, la hipótesis del pacto suicida está prácticamente descartada y en cambio crecen las versiones que hablan de la violencia que el femicida habría ejercido contra la mujer. 

Si bien se esperaba que las pericias sobre los teléfonos arrojaran certezas al respecto, los dispositivos aún no han podidos ser analizados. Lo que sí trascendió es que la víctima no quería estar cerca del hombre. 

De hecho, el dato que marcó la novedad de las últimas horas es que Silvia había conversado con su hija Lucila sobre la posibilidad de irse por unos días a un campo que los Neuss tienen en la zona de Sierra de la Ventana, «hasta que se calmen las cosas». Vale destacar que Saravia no pasó la última noche en su domicilio, sino que le pidió a Lucila que la dejara dormir en su casa, que también se encuentra en el country Martindale de Pilar.

Se cree que durante la mañana fatal Saravia intentó regresar a su vivienda para buscar algo de ropa y -quizá- armar la valija que llevaría a ese viaje salvador. No lo consiguió: cuando ingresó al baño en suite del cuarto matrimonial su marido la agarró de los pelos y le metió un plomazo que ingresó por atrás de la oreja, le atravesó el cráneo y quedó alojado en uno de sus brazos. 

De acuerdo con lo que reportan colegas en la zona, aquel sábado estaba todo casi listo para que Silvia, Lucila y los nietos se fueran al campo. El auto que los llevaba se detuvo frente a la casa donde vivían Jorge y Silvia, ella se bajó para buscar la ropa y justo en ese instante Lucila recibió un llamado diciendo que podía ir a buscar unas lámparas que había comprado. Entonces la hija se alejó y Silvia abrió la puerta, subió las escaleras en dirección al cuarto matrimonial y quedó a merced de su asesino. 

Silvia nunca alcanzó a juntar sus prendas. Al menos dos disparos sacudieron el mediodía en Pilar. Las empleadas que trabajan en la casa llamaron a los hijos de la pareja, que al romper la puerta -que estaba cerrada- encontraron el cadáver de su madre y el cuerpo malherido de su padre, que falleció poco después.

Los pesquisas sospechan que puede existir una red de secretos entre los miembros de la familia. Sobre todo luego de ver la forma en que el crimen fue «borrado» de los mensajes necrológicos que se publicaron en los periódicos y durante el entierro. En ambas ocasiones, se mostró al agresor y la víctima juntos: como si nada hubiese pasado. Se dijo, incluso, que el caso está influido por un «blindaje de clase», en alusión a la opacidad con la que parecen manejarse algunos testigos y conocidos.

Para conocer el trasfondo del femicidio será clave lo que aparezca en las computadoras, las tablets y los teléfonos celulares. Por lo pronto, los Iphone que utilizaban Jorge y Silvia no han podido ser desbloqueados.

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