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“Somos muy irresponsables con el empoderamiento que nos da la tecnología”-Joan Cwaik

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En diálogo con Ticmas, el especialista en innovación y divulgador tecnológico analiza el impacto de los algoritmos en la educación, economía y relaciones personales. Advierte sobre la necesidad de un uso consciente de las herramientas digitales.

Joan Cwaik, autor de El

Joan Cwaik es uno de los jóvenes profesionales que mejor entiende las nuevas tecnologías y su impacto en la vida cotidiana. Especialista en conferencista, innovación, y divulgador tecnológico, es profesor en la Universidad de San Andrés y en la Universidad de Buenos Aires. Publicó varios títulos que dan cuenta de cómo se iba reconfigurando nuestro presente: en 7R. Las siete revoluciones tecnológicas que transformarán nuestra vida y El dilema humano, por ejemplo, exploraba los cambios que traían consigo la inteligencia robótica, artificial y la economía digital.

En su nuevo libro, El Algoritmo: ¿Quién decide por nosotros? (Planeta), analiza cómo los sistemas que clasifican y procesan datos, influyen en nuestras elecciones diarias. El Algoritmo es un libro interesante porque va más allá de los conceptos. El libro que escribe Cwaik podría haber sido escrito por cualquiera de nosotros.

En diálogo con Ticmas, Joan Cwaik habla de cómo los algoritmos cambian nuestra forma de pensar, el rol que ocupan en la educación, el impacto en las relaciones afectivas y en la economía, y por qué, según Cwaik, es necesario encontrar “pequeños actos de rebeldía contra algorítmica” para que la decisión final siga estando en nuestras manos.

—El subtítulo del libro se pregunta por quién decide por nosotros. Está la idea de que el algoritmo toma decisiones por nosotros y que, a la vez, nosotros tratamos de ver cómo le enseñamos al algoritmo. ¿Cómo cambió nuestra forma de entender las categorías de pensamiento?

—Hoy en día pensamos más en formato de hipervínculos, en formato de un lenguaje de programación. Pensamos más en las reglas de la informática. Tratamos de imitar una forma de decidir que es cada vez más perfecta, cada vez más binaria. Y ahí hay una primera paradoja, porque el ser humano es un ser altamente imperfecto a la hora de tomar decisiones. En esa imperfección surge la humanidad. La tecnología, la inteligencia artificial y la informática contemporánea son tecnologías perfectas, de las ciencias duras matemáticas. Ahí surge un primer quiebre. Pensar procesos que yo pueda acelerar. Siento que el tiempo y la velocidad están siendo redefinidos por los algoritmos.No es para generalizar, pero siento que se están reformulando muchas de las cosas de nuestro día a día cotidiano.

¿Cómo afecta en la educación?

—Los algoritmos redefinen la forma de aprender, de enseñar. Redefinen el rol docente. Hace muy poquitos días se lanzó GPT Modo Studio y eso genera una gran polémica en el ámbito educativo: ¿es una trampa, es un atajo, es una herramienta?. Yo creo que estamos cambiando el estado de la educación. Los algoritmos están generando una nueva materia en la educación. Hay que hablar de un cambio de materia en producto.

Cecilia Danesi dice en El imperio de los algoritmos que, para no estar intervenido por la IA, hay que irse a vivir al bosque. ¿Tenemos que entregarnos al algoritmo?

—Resistir o negarlo u ocultarlo, no es la solución. Pero tenemos que acudir a pequeños actos de rebeldía contraalgorítmica. El hecho de que haya un lector leyendo esta nota es un acto contraalgorítmico. Leer un libro es un acto algorítmico en un mundo que fomenta a consumir videos verticales que tienen que atraer en los primeros cuatro segundos. En el amor, en la educación, a la hora de consumir noticias, a la hora de entretenernos tenemos que acudir a estos pequeños actos de rebeldía contraalgorítmica. Yo uso la inteligencia artificial. Es maravilloso tener una herramienta que me permita no caer en la hoja en blanco, buscar analogías, conexiones que quizás no se me ocurren. No obstante, tengo mis pequeños actos de rebeldía contraalgorítmica para que la decisión no sea de otro.

"La peor pesadilla de Tinder

¿Se puede entender de manera fácil qué es y cómo funciona un algoritmo?

—Un algoritmo es un conjunto de instrucciones para llegar a un resultado determinado. Puede tener variaciones, obviamente. En la dimensión virtual, estos programas son personalizados, muy dinámicos y tienen intereses por detrás. Ningún algoritmo es neutral. Todos tienen sesgos, intereses económicos, políticos, hay grupos de poder, quiere retenerme en la aplicación. La peor pesadilla de Tinder es que te pongas de novio. La peor pesadilla de Netflix es que vos te duermas. Todos compiten por retenerte a vos. Recordemos que vivimos en un mundo hiper capitalista.

Trajiste la palabra capitalismo y un capítulo del libro está dedicado a la economía. ¿No entender cómo los algoritmos afectan a la economía…?

Nos hace mucho más vulnerables. Hace un par de años se demostró que, si te estás quedando sin batería en el teléfono celular, los algoritmos de las compañías de movilidad aumentan el precio hasta un 60%. En otras palabras: estás desesperado, es de noche, querés llegar a tu casa, tenés 5% de batería, el viaje que salía 10 te lo va a cobrar 16. ¿Por qué? Porque lo vas a pagar igual. Éticamente tenemos que preguntarnos si eso está bien o está mal. Eso lo podemos transpolar a cualquier ámbito. X (Twitter) no quiere informarte: quiere retenerte. ¿Y qué te retiene más? Lo controversial, lo viral, lo que no se sabe si es verdadero o falso.

Recuerdo que la campaña de Hilary Clinton fue muy criticada porque la estrategia fue básicamente oponerse a Trump. Hoy las campañas son decididamente anti el otro.

—Sí, porque a los algoritmos no les gustan los grises. Al algoritmo le gustan los blancos o negros. Pero ahí se abren muchas preguntas al respecto: ¿la libertad de expresión en redes tiene que ser absolutamente libre? ¿Cualquiera puede decir cualquier cosa o hay que controlar eso?

Me llamó demasiado la atención que en el capítulo final se habla del derecho a la muerte en el mundo digital.

—En pocos años Facebook va a tener más usuarios muertos que vivos. Se va a convertir en un cementerio digital. Yo lo entiendo como que estamos rodeados de vínculos en pausa. Salgo con una persona, intercambiamos miles de fotos y decenas de miles de mensajes, y después ese vínculo queda ahí, boyando, flotando. Y si nos ponemos un poco más filosóficos estamos muy cerca de la inmortalidad digital porque todas las huellas que dejamos van a perdurar mucho más que nuestros cuerpos. Los algoritmos están volviendo a definir cómo comprendemos la muerte, cómo comprendemos el proceso del duelo, cómo comprendemos eso que ahora se llama “soltar”.

Caigo en un lugar común que es la dicotomía entre apocalípticos e integrados, pero ¿dónde te parás?

—El concepto que ilustra mejor el siglo XXI es el de aceleración versus desaceleración. Cada uno tiene que encontrar la velocidad con la cual transitar estos cambios. No hay una velocidad única. Yo, personalmente, creo que no podemos pisar el acelerador sin consecuencias. Me gusta mucho la analogía del auto: para manejar tenés que tener cierta edad, tenés que entender que hay que frenar en un semáforo en rojo, tenés que entender el peatón tiene prioridad. Hoy estamos muy empoderados por la tecnología, pero nadie tiene un registro de cómo usar los aparatos ni cómo hablar con la inteligencia artificial. Somos muy irresponsables con el empoderamiento que nos da la tecnología.

Joan Cwaik presenta El Algoritmo: ¿Quién decide por nosotros? el miércoles 13 de agosto a las 18:30 en la Universidad de San Andrés, sede Riobamba (Riobamba 1276, CABA), jiunto a Augusto Salvatto y Fredi Vivas.

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