S.P.N

«Sacar a China» del país- Cómo afectaría al país

Desterrarlo significa perder a un socio comercial y afectaría proyectos del sector energético, obras en infraestructura, asistencia financiera y trabajos de cooperación científica.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, regresará al país en los próximos días, para delinear intervención republicana en la gestión libertaria, ratificar el salvataje financiero y avanzar con el gran objetivo geopolítico de Donald Trump, “Sacar a China de la Argentina”. 

En septiembre, China se convertía por primera vez en la historia en el principal socio comercial de Argentina. La guerra impulsada por Trump, combinada con la desesperada baja de retenciones del ministro Luis Caputo, generaron que China reemplazara la soja norteamericana por la que se cosecha en argentino. De esta manera, las compras del poroto de soja se triplicaron. Pasaron de 4 millones de toneladas a 12 millones y, en contraposición al relato republicano, la presencia china se expandió. El intercambio de bienes superó los 3.000 millones de dólares y fue mayor que con Brasil y Estados Unidos.

Los empresarios chinos fueron los grandes beneficiados de la apertura importadora. El histórico déficit comercial con China superó al del kirchnerismo, el macrismo y Alberto Fernández. Tuvo un rojo de 6.500 millones en los primeros nueve meses del año. “En los últimos meses, Argentina está gastando, en promedio, 100 millones de dólares en plataformas chinas como Temu y Shein”.

El radical cambio de postura del presidente respecto a China no estuvo vinculado a romper prejuicios ideológicos, sino a una urgencia económica. Renovar el swap iniciado en 2009. Quiere decir, postergar los pagos del tramo activado, unos 5 mil millones de dólares. “Me sorprendí gratamente con China. Es un socio comercial muy interesante porque ellos no exigen nada”, dijo Milei para justificar su contorsionismo. 

Cancelar el swap implicaría pagar lo adeudado y perder unos 18.000 millones de dólares del asiento contable del Banco Central. Bessent, en ese delicado contexto, negó que fuera un condicionamiento a Milei y aclaró que sus objetivos eran otros: “puertos, bases militares y centros de observación”.

Sobre estos puntos, Vaca Narvaja remarca primero que “no existen bases militares chinas en Argentina” y que “en Tierra del Fuego lo que había era el proyecto de una planta petroquímica para hacer fertilizante del gas”. Respecto a los puertos, el diplomático afirma que tampoco hay iniciativas en ese sector: “Lo más parecido era la famosa concesión de la vía navegable del Paraná (Hidrovía), donde a la empresa china la dejaron afuera”. Por último, en referencia a la base espacial en Neuquén, aclaró que se trata de “un esquema de exploración del espacio profundo, que fue votado dos veces en el Parlamento y que hay uno muy similar en Malargüe (Mendoza)”.

En plenas negociaciones para alcanzar la tregua con Trump, el gobierno de Xi Jinping evitó emitir una respuesta oficial respecto al operativo Bessent. Su postura, no obstante, es que Estados Unidos “siempre interviene» en los intercambios de China con los gobiernos latinoamericanos, que esa actitud está relacionada a su “mentalidad de Guerra Fría” y que piensa a la región como “su patio trasero”. Milei, evidentemente, está dispuesto a aceptar ese rol, aunque sabe que no puede prescindir del aporte económico de la China comunista.

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